¿Es la inmigración un derecho?

¿Cómo evangelizar efectivamente?

Por: Carlos Maysonet | Tiempo de lectura 10-15 minutos
El debate sobre la inmigración toca fibras profundas tanto en la política como en nuestra fe. Como creyentes, debemos examinar este tema no solo desde la perspectiva social sino también desde las Escrituras. ¿Cómo equilibramos el mandato de amar al extranjero con el respeto a las leyes establecidas? ¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad cristiana?

1. El Gobierno Tiene un Rol en la Justicia

Dios Establece la Autoridad
La Palabra de Dios es clara. En Romanos 13:1-7, el apóstol Pablo nos instruye sobre la
autoridad gubernamental:

"Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas."

Esta enseñanza fundamental nos revela que las leyes de inmigración no son inherentemente injustas ni contradicen la voluntad divina. Por el contrario, cada nación posee el derecho legítimo de establecer regulaciones que protejan a sus ciudadanos y mantengan el orden social.

El Portero de una Ciudad
Imaginemos una ciudad amurallada con un solo portón de entrada. Un guardia vigila quién entra y sale. Su labor no es discriminar, sino velar por la seguridad y el bienestar de los habitantes. De manera similar, los gobiernos tienen la potestad divina de regular la inmigración para proteger su economía, cultura y seguridad.

¿Cómo aplicamos esto?
  • Obedece las leyes civiles, incluyendo las de inmigración, siempre que no contradigan los mandatos de Dios. Como dice Hechos 5:29: "Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres."

  • Intercede por los líderes gubernamentales. En 1 Timoteo 2:1-2 leemos: "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad."

  • No fomentes la ilegalidad; en cambio, ayuda a los inmigrantes a encontrar caminos legítimos para establecerse. Levítico 19:33-34 nos recuerda: "Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios."

2. La Iglesia Debe Mostrar Hospitalidad

Dios Nos Llama a Amar al Extranjero
El mandamiento en Levítico 19:33-34 es poderoso. Dios instruyó a Israel a tratar con justicia y amor a los extranjeros. Aunque Israel tenía fronteras y leyes claramente definidas, también tenía la sagrada responsabilidad de cuidar a los forasteros que habitaban entre ellos.

Como seguidores de Cristo, estamos llamados a tratar a los inmigrantes con amor y dignidad. La hospitalidad no es opcional; es un mandato bíblico (Hebreos 13:2). Sin embargo, esta hospitalidad debe ejercerse con sabiduría y dentro del orden divino del amor.

El Peligro del Amor Desordenado
Aunque el amor al prójimo es fundamental, no podemos ejercerlo a costa de nuestras primeras responsabilidades. Un amor desordenado ocurre cuando descuidamos a nuestra familia, iglesia o nación para concentrarnos únicamente en los de afuera.

La Parábola del Buen Samaritano
En Lucas 10:25-37, Jesús nos enseña que nuestro prójimo trasciende fronteras culturales y nacionales. El Buen Samaritano auxilió al necesitado según su capacidad, sin comprometer sus responsabilidades primordiales.

¿Cómo demostramos hospitalidad bíblica?
  • Sé acogedor con los inmigrantes, pero sin desatender tu familia. Como advierte 1 Timoteo 5:8: "Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo."

  • Ofrece ayuda práctica sin promover la ilegalidad. Santiago 2:15-16 nos confronta: "Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?"

  • Lleva el evangelio, recordando que la mayor necesidad de cualquier persona es Cristo. Mateo 28:19-20 nos comisiona: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."

3. Nuestra Prioridad es la Familia y la Iglesia

Dios Nos Llama a un Amor con Prioridades
Pablo nos instruye en Gálatas 6:10: "Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe."

Esta enseñanza establece una jerarquía clara: aunque debemos hacer el bien a todos, nuestra primera responsabilidad recae en nuestra familia y nuestra iglesia. El amor desordenado surge cuando invertimos esta prioridad divina.

El Amor Desordenado en la Sociedad
Cuando una nación antepone las necesidades de los inmigrantes a las de sus propios ciudadanos, cae en un amor desordenado. El gobierno tiene el deber primordial de velar por su pueblo y después, según sus posibilidades, extender ayuda a otros.
De igual manera, un creyente debe primero cuidar de su hogar antes de ayudar a terceros. La advertencia en 1 Timoteo 5:8 es contundente: "Si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo."

Un Padre de Familia
Consideremos a un hombre que anhela ayudar a los necesitados mientras sus propios hijos pasan hambre. Su primera obligación está con ellos. Así también, un país o una iglesia debe primero atender a su gente antes de extender recursos a otros.

¿Cómo mantenemos el orden del amor?
  • Prioriza a tu familia y a la iglesia. Como nos enseña 1 Timoteo 5:4: "Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios."

  • Apoya especialmente a los inmigrantes creyentes. Éxodo 22:21 nos recuerda: "Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto."
  • Administra sabiamente tus recursos. Lucas 14:28 nos exhorta: "Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?"

Conclusión: El Camino de la Sabiduría
Las Escrituras nos invitan a un equilibrio entre justicia y misericordia en el tema migratorio:
  • El gobierno tiene el derecho y el deber divino de hacer cumplir las leyes para proteger a su pueblo.
  • Los cristianos debemos mostrar hospitalidad y amor a los inmigrantes dentro del orden del amor.
  • Nuestra prioridad es la familia y la iglesia antes que los de afuera.
Al seguir estos principios bíblicos, honraremos a Dios en nuestra respuesta a la inmigración.

Llamado a la Acción
  • Ora fervientemente por tus gobernantes, para que establezcan políticas migratorias justas y sabias.
  • Practica la hospitalidad cristiana con los inmigrantes, sin comprometer el orden divino del amor.
  • Acoge a los creyentes inmigrantes, ayudándolos a encontrar comunidad en el cuerpo de Cristo.

"Porque el Señor vuestro Dios... ama al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero..." (Deuteronomio 10:17-19)

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