¿Cómo amar a alguien que te sigue hiriendo?

¿Cómo amar a alguien que sigue hiriéndote?

Por: Edgar Nazario | Tiempo de lectura 10-15 minutos
¿Alguna vez has dado todo por alguien y lo único que recibiste fue indiferencia o crítica? Si es así, no estás solo. Hay un cansancio que no tiene que ver con el cuerpo, sino con el alma: el agotamiento de amar sin ser correspondido. Quizás es tu cónyuge, un hijo, un hermano en la fe. Has orado, has dado, has perdonado… y sigues en el mismo lugar.

La tentación es alejarse. Decir: «Ya hice suficiente». Pero en 2 Corintios 12:11–19, Pablo enfrenta exactamente esto: una iglesia que lo criticaba y cuestionaba sus motivos. En lugar de abandonarlos, les escribe una de las cartas más conmovedoras sobre el amor. De su ejemplo aprenderemos tres verdades que transforman nuestra manera de amar a personas difíciles.

1. Manténte presente cuando quisieras alejarte

En 2 Corintios 12:14 (NBLA) leemos: «Miren, esta es la tercera vez que estoy preparado para ir a ustedes… pues no busco lo que es de ustedes, sino a ustedes». ¡La tercera vez! A pesar del daño recibido, Pablo sigue regresando. No buscaba beneficios; buscaba a las personas.


Pablo usa la imagen de un padre: «Los hijos no tienen la responsabilidad de atesorar para sus padres, sino los padres para sus hijos» (2 Cor 12:14b, NBLA). Un padre no da esperando que le paguen. Da porque ama. Los corintios lo habían dejado solo cuando debían haberlo defendido (v. 11). Aun así, vuelve. Su modelo no era un contrato humano, sino el amor de Cristo, quien nunca abandona a los suyos.

Aplicación: No esperes que la otra persona dé el primer paso. Sé tú quien se acerca con humildad. Ora antes y pídele a Dios un corazón de siervo. Amas como padre, no como negociante.

2. Sirve sacrificialmente aunque no te devuelvan el amor

En 2 Corintios 12:15 (NBLA), Pablo escribe: «Y yo con mucho gusto gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por sus almas». La palabra griega implica agotar completamente un recurso. No se trata de dar tiempo o dinero, sino de darse uno mismo. Es entrega total.

¿De dónde sacaba fuerzas? No de los corintios; de Cristo. Ese amor refleja el evangelio. Pensemos en el padre del hijo pródigo: cuando el hijo regresa, el padre no espera con brazos cruzados; corre a abrazarlo (Luc 15:20). El amor de Pablo no era sentimental ni desaparecía cuando dolía. Era el fruto de la santificación —esa obra progresiva del Espíritu Santo que nos conforma a la imagen de Cristo—.

Romanos 5:8 (NBLA) lo resume: «Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». Si el evangelio no nos mueve a amar así, nada más lo logrará.

Aplicación: No dejes que la falta de aprecio determine tu fidelidad. Fija los ojos en Cristo. Preséntate, escucha, ora. Y cuando quieras rendirte, recuerda que Cristo te amó cuando tú tampoco lo merecías.

3. Actúa para su edificación, no para tu autodefensa

Cuando nos acusan injustamente, el instinto es defendernos. Pero Pablo enseña un camino más excelente. En 2 Corintios 12:19 (NBLA) declara: «Todo esto, amados, es para su edificación». No hablaba para limpiar su reputación, sino para construir espiritualmente a quienes lo atacaban. Su audiencia final no eran los corintios, sino Dios.

Eso no significa que ignorara las acusaciones. En los versículos 16 al 18, apela a hechos verificables. Pero su meta siempre es la edificación del otro. Además, ese amor también puede ser firme. En 2 Corintios 13:10 (NBLA), escribe: «Por esta razón les escribo estas cosas estando ausente, a fin de que cuando esté presente no tenga que usar de severidad… para edificación y no para destrucción». Amar no significa tolerar todo. A veces el amor genuino requiere firmeza.

Aplicación: Antes de responder, examína tus motivos: ¿actúas para tu defensa o para el bien del otro? Vive con integridad que hable por ti. Cuando debas corregir, hazlo con amor y claridad.

El evangelio nos da fuerza para amar

De Pablo aprendemos tres verdades. Presencia: el amor verdadero no huye; permanece y regresa. Sacrificio: amar de verdad cuesta; significa darte tú mismo. Edificación: todo lo que haces por esa persona debe apuntar a su bien espiritual, no a tu ego.

Estas tres palabras nos llevan a Jesús. Él se mantuvo presente cuando todos lo abandonaron. Se sacrificó completamente. Y todo lo que hace apunta a nuestra edificación. «Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día» (2 Cor 4:16, NBLA). Hay esperanza para ti. No en tus fuerzas, sino en la gracia de Aquel que te amó primero.

Ora así: «Señor, hay alguien en mi vida a quien me cuesta amar. Dame tu corazón hacia esa persona. Ayúdame a permanecer presente, a servir sin esperar, y a actuar para su bien. Que mi amor refleje el tuyo. En el nombre de Jesús, amén».

¡Únete a nuestra familia!

Forma parte de la familia de Madurando en Cristo y inscríbete para recibir nuestros artículos y programas semanales llena el siguiente formulario.

Artículos anteriores:

¡Baja la aplicación!

Mantente conectado

Baja la aplicación hoy

No Comments


Recent

Archive

 2025